Encuadre: La otra mano de Dios
Fanáticos, expertos y autoridades del futbol mundial están verdaderamente preocupados por los criterios tan dispares con los que actuan algunos silbantes en el Mundial de 2026. - Foto: Cortesía.
Para algunos, que un equipo llegue a las semifinales de un Mundial sin haberse cruzado con ningún rival ubicado dentro del Top 20 del ranking de la FIFA es simplemente tener suerte. Pero también está el hecho de que ese mismo equipo recibe una tarjeta amarilla cada 20 faltas, cuando lo normal es recibirla cada seis o siete infracciones. Otros equipos, que incluso evitan el roce al jugar hacia atrás y apoyarse en el portero, reciben una amonestación cada 10 o 12 faltas.
Sí, estamos hablando de Argentina, de quienes se sabe que no han sido precisamente los jugadores más limpios de este Mundial. Al jugador sudafricano Themba Zwane le dieron tres partidos de suspensión por un manotazo en el rostro del mexicano Roberto Alvarado, apenas en el primer encuentro del Mundial 2026. Sin embargo, en las repeticiones se puede ver a jugadores argentinos realizando la misma acción sin ninguna consecuencia.
Las redes sociales ya se cansaron de medir los parámetros arbitrales, y expertos y autoridades del futbol mundial están verdaderamente preocupados por los criterios tan dispares con los que actuan los silbantes, dependiendo de la playera que viste el equipo. Tanto para intervenir desde el VAR como para anular goles por fueras de juego milimétricos o por supuestas faltas ocurridas mucho antes del desenlace de la jugada frente al arco.
Lo lindo que nos deja este Mundial es ese gol que el debutante Cabo Verde le propinó a Argentina. Es una cátedra de buen futbol que terminó con un golazo. Me gusta verlo porque imagino a los árbitros del VAR regresando una y otra vez la jugada para encontrar alguna falta que permitiera anularlo. Es claro que no será el gol del Mundial por obvias razones.
Cabo Verde, en su debut ante España, solo cometió una falta en los minutos finales. Fue uno de los equipos más limpios en cuanto al juego, porque de la otra basura nadie les ganó a los japoneses.
Debe ser una verdadera mala suerte que, siendo tu primer Mundial, tengas que enfrentar a tres campeones del mundo como Uruguay, España y Argentina. Y no solo eso: Cabo Verde les plantó cara y estuvo muy cerca de avanzar a la fase eliminatoria de treintaidosavos de final. Se fueron a sus islas como verdaderos héroes.
Hubo goles espectaculares anulados, como el que marcó Cristiano Ronaldo ante Croacia y otro que anotó Croacia en los minutos finales de ese mismo partido. También el golazo que Egipto le hizo a Argentina, muy parecido al de Cabo Verde. Y, por supuesto, hubo goles legítimos, como los tres riflazos de Lionel Messi en su debut ante el novato portero de Argelia, además de los inesperados tantos de Jude Bellingham y claro, los de Kylian Mbappé, Vinícius Júnior y porqué no, los de Mikel Merino.
Quedan también las pifias de los porteros. Hubo muchas, comenzando por las de Luca Zidane, hijo de Zinedine Zidane, ante Argentina; los errores garrafales del suplente de Thibaut Courtois en el Bélgica-España; y el del surcoreano Jo Hyeon-woo ante México, entre otros. Aunque también hubo grandes actuaciones, como las 15 atajadas de Vozinha ante España, igualadas después por Eloy Room, de Curazao, frente a Ecuador.
También quedaron retratados los centrocampistas de Portugal, para quienes fue más grande la envidia hacia su propio compañero, CR7, que sus probadas habilidades en finales de Champions League y otros grandes torneos nacionales e internacionales. Algo similar ocurrió con el noruego Alexander Sørloth, a quien le brotó lo pequeño de su equipo, el Atlético de Madrid, al no a pasar el balón a Erling Haaland y dejar escapar una clara oportunidad de abatir a los ingleses.
Así, no todo este Mundial fue sobre los números y la buena estrella de Argentina ni sobre su "pequeño gran guerrero", que tiene de capitán, con voz y voto para amenazar apuntando con el dedo a los silbantes en pleno juego sin recibir réplicas ni tarjetas amarillas.
De ganar la albiceleste el Mundial, será un triunfo amargo, sospechoso como el de Qatar; incluso más manchado, aunque será en conjunto "otra mano de Dios" para recordar.
Mientras tanto, las investigaciones seguirán y llegará el momento de rendir cuentas, de aclarar los hechos y de seguirle la pista a los millones de dólares que rodean a la FIFA, para saber si lo que algunos aficionados vemos en los juegos nos lo estamos inventando y, en realidad, solo somos unos malpensados, o si de verdad existen algunos descarados corruptos de traje que, desde los túneles y los palcos de los estadios, hacen y reciben llamadas telefónicas en secreto.