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IV Encuentro Libertad por el Saber

La salud en México antes y después de 1519

La sanidad de la población novohispana durante los cincuenta años posteriores de la Conquista estuvo casi en exclusiva en manos de los médicos nahuas, dada la escasez de los médicos europeos en los territorios recién conquistados, dice Julio Frenk
Colaborador
Hace 7 años
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En el evento hablaron sobre el consumo adictivo del alcohol antes y después del 1519. - .

En el evento denominado La salud en México antes y después de 1519 realizada el miembro del Colnal, Julio Frenk, conjuntamente con el colegiado Adolfo Martínez Palomo se reflexionó en torno a la situación de la salud en México antes y después de la Conquista desde una perspectiva nutricional y terapéutica.

“Las principales fuentes primarias para el estudio la medicina náhuatl y la atención a la salud en el México prehispánico son el libro décimo de la Historia general de las cosas de Nueva España o Códice Florentino, escrito por fray Bernardino de Sahagún; el Libro sobre las hierbas medicinales de los pueblos indígenas o Códice de la Cruz Badiano, escrito por el médico indígena, Martín de la Cruz y traducido al latín por el xochimilca, Juan Badiano, y al castellano por Ángel María Garibay; y la Historia natural de Nueva España, de Francisco Hernández”, afirmó

Se discutió sobre el concepto de enfermedad para las comunidades originarias y el uso de sustancias psicoactivas como panacea para diferentes padecimientos así como su uso ritual. Además, aspectos como la epidemia de viruela sobre la población indígena, la sífilis y sus repercusiones en ambos mundos fueron analizados por los especialistas.

“Gracias al Vocabulario de fray Alonso de Molina, de castellano a mexicano, nos muestra que existía una enfermedad epidémica llamada cocoliztli”, con estas palabras el médico Carlos Viesca Treviño empezó su participación donde habló sobre las epidemias y su concepto en la medicina náhuatl prehispánica. Mencionó que antes de su llegada al valle de México, las oleadas de migrantes ya habían sufrido varias epidemias: la de 1118 en Cholula por las migraciones de los toltecas o el catarro pestilencial de 1454, el cual probablemente “haya sido influenza”.

El colegiado Adolfo Martínez Palomo durante su comparecencia.
Foto: Cortesía

Martínez Palomo comentó que han pasado 500 años desde la llegada de los españoles y aún son desconocidas las causas que originaron las epidemias que cambiaron radicalmente lo que hoy es México durante los 100 años posteriores a la Conquista de Tenochtitlan: la primera, en 1520 catalogada como viruela; la segunda, en 1545; y la tercera, en 1576. “Cualquiera que haya sido el microorganismo que las produjo puede estar presente todavía”, mencionó el colegiado.

Agregó que los grandes autores que hablaron de esos hechos fueron Charles Nicolle y Hans Zinsser, siendo este último quien diagnosticó la epidemia de 1545 como tifus. Asimismo, Martínez mencionó que fue hasta el 15 de enero de 2018 que un grupo de investigadores de distintas universidades, por medio de la biología molecular y secuenciación genómica de alto rendimiento aplicada a restos fósiles humanos de ese tiempo, pudo asegurar que muchos habitantes de lo que hoy es México murieron por paratifoidea, pero no hay nada claro respecto al tema: “No sabemos en México 500 años después de que murieron muchos millones de habitantes de este país, qué pasó”, concluyó el miembro del Colnal.

La siguiente participación a cargo de Luis Alberto Vargas Guadarrama trató sobre la alimentación en Mesoamérica. Mencionó que el primer mestizaje alimenticio empezó con Cristóbal Colón en 1543, quien importó trigo, cebada, lechuga, betabel, entre otros. Asimismo, propuso siete formas de sincretismo alimenticio: marginación con o sin renacimiento, yuxtaposición, convergencia, explante, trasplante, fragmentación y resignificación. Finalizó mencionando que “para fines del siglo XVI las cocinas mestizas se enriquecieron con las aportaciones de los esclavos africanos y comenzó un largo intercambio con oriente a través de Manila”.

La mesa La salud en México antes y después de 1519 terminó con la participación de la colegiada María Elena Medina-Mora, quien habló sobre el consumo adictivo del alcohol antes y después del 1519: “hoy nuestro patrón de consumo típico es episódico con grandes cantidades”. La psicóloga, especializada en salud mental y adicciones, mencionó que en la época precolombina el pulque estaba restringido para su uso en ceremonias religiosas y destacó que “en festividades especiales toda la población podía beber y embriagarse”. Las autoridades indígenas vigilaban que el consumo de bebidas embriagantes se diera sólo en ocasiones permitidas y los guerreros y principales se abstenían de beber “no por virtud sino por el temor de la pena”. Concluyó diciendo que a partir de la Conquista, el consumo se amplió con las festividades del calendario cristiano, pero en ellas prevalecieron los intereses del mercado y el abuso afectando principalmente a la población joven.

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Opinión:
Ruffo no pidió venganza. Pidió país. Ahora toca actuar.
2026-09-28 20:35:01
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Colaboración
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Por: Guillermo E. Rivera Millán

Ernesto Ruffo Appel salió del Altiplano sin rencor, sin la narrativa del agravio que muchos quisieron imponerle y sin la victimización que la oposición trató de capitalizar. Llegó a su domicilio y dijo algo que parece sencillo, pero que en la política mexicana se ha vuelto casi subversivo: reflexión. No habló de humillaciones, no habló de persecuciones, no habló de su edad. Habló de México. Y eso, en estos tiempos, ya es decir mucho.

Mientras algunos opositores, simpatizantes, amigos o familiares se apresuraron a convertir su caso en un estandarte de “preso político”, Ruffo eligió otro camino. Dijo: “Debemos ver que todo debe de ser algo que incorpore todas las realidades que se viven en México… y que se atienda a los que están muy necesitados… para que haya prosperidad para todos.” Y añadió algo que debería preocupar a todos: “La cosa no anda bien en nuestro país.”

También dejó una frase que desarma la narrativa de buenos contra malos: “El crimen puede estar en cualquiera de nosotros.” No lo dijo para justificarse. Lo dijo para recordarnos que la crisis mexicana es más profunda que un sexenio o un partido: es una crisis de cultura política, de instituciones debilitadas y de ciudadanos que hemos normalizado la ilegalidad, la corrupción y la falta de empatía como si fuera paisaje.

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Ruffo no habló de su caso. Habló de México. No pidió privilegios ni excepciones. Pidió país.

Esa reflexión obliga a mirar hacia adentro. La oposición —y buena parte de la ciudadanía que hoy se siente moralmente agraviada— lleva años instalada en la crítica automática. Muchos no construyen, no proponen, no incorporan realidades. En estos días, se ha insistido en convertir su caso en bandera política. Pero Ruffo aparentemente no pide eso. No exigió ser mártir ni símbolo. Él reflexiona sobre el país.

Y pedir país implica ver el contexto completo: los apoyos sociales y las becas que el gobierno presume no alcanzan para construir bienestar real; la confrontación con la clase empresarial no reduce la desigualdad; y la brecha entre quienes tienen oportunidades y quienes no sigue creciendo. Actuar por México significa abrirse a la ciudadanía, dejar atrás las cuotas de poder y abandonar la lógica de repartirse espacios sin transformar nada. El bienestar no se construye golpeando sectores, sino integrando realidades. Ruffo eligió la reflexión. Todos —oposición, gobierno, empresariado y sociedad— debemos elegir la responsabilidad desde nuestras trincheras. Una ciudadanía que no integra termina aislada en sus propias burbujas, incapaz de ver el país completo y de construir el orden que exige la restitucionalización que Ruffo señaló.

Su mensaje toca un punto que el empresariado y los bajacalifornianos deberíamos escuchar con atención. Cuando Ruffo habló de la “restitucionalización del país”, advirtió que hay cosas que han cambiado y que eso es grave. Su frase “República ya no hay” no es retórica: es un llamado a revisar cómo están hoy las instituciones que sostienen a México —desarrollo económico, educación, seguridad, salud, transparencia, democracia— y a darles rumbo desde el contexto real. Esa restitucionalización implica integrar realidades, atender a quienes están más necesitados y construir prosperidad para todos. La prosperidad no es un club privado; si la economía y beneficios sociales crecen sin incorporar a quienes están en la base, ese crecimiento es frágil y políticamente explosivo. Una ciudadanía que no integra termina rodeada de desigualdad, y un gobierno que no incorpora todas las realidades acaba gobernando para una burbuja que tarde o temprano revienta.

Y aquí vale preguntarse qué reflexión deja esto para quienes hoy están en el poder. Porque si la oposición se ha instalado en la crítica sin construir, el gobierno ha preferido gobernar desde la confrontación. La llamada Cuarta Transformación prometió regenerar instituciones, pero en los hechos ha sustituido capacidades por estructuras paralelas, leales a una nueva élite política. Esa ruta no reconstruye Estado: lo fragmenta. Y un país fragmentado no puede sostener la restitucionalización que Ruffo señaló como urgente.

Ruffo lo dijo con claridad: “República ya no hay.” Y remató con un llamado que debería ser un punto de partida nacional: recuperar el orden, la legalidad y la institucionalidad.

Ruffo pidió país, y su reflexión solo confirma lo evidente: México lo necesita. Esa necesidad nos alcanza a todos —bajacalifornianos, ciudadanos y mexicanos. Ahora toca actuar, porque el país no se reconstruye solo.

Guillermo E. Rivera Millán Director General del despacho De la Peña y Rivera S.C. Fundador de Justicia que Transforma México A.C.

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