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De acuerdo con el INEGI, se detectan 200 mil nuevos diagnósticos anuales; el cáncer de mama, próstata, colorrectal, tiroides y cervicouterino son los más comunes, lo que obliga a que los esfuerzos no solo se concentren en la erradicación de los tumores, sino en hacer los tratamientos más tolerables y efectivos para los pacientes.
Ante este panorama, un equipo multidisciplinario de científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), en colaboración con especialistas de Rusia en la Red Internacional de Bionanotechnologia, con Impacto en Biomedicina, Alimentación y Bioseguridad de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), bajo del liderazgo del Centro de Nanociencias y Nanotecnología (CNyN-UNAM), desarrolló y logró patentar una formulación a base de nanopartículas de plata, diseñado para reducir los severos efectos secundarios de dos de las quimioterapias más comunes, la Ciclofosfamida y la Citarabina (Arabinosa-C).
Estos medicamentos oncológicos, fundamentales en la destrucción de células cancerígenas, conllevan un alto costo para el organismo.
La ciclofosfamida suele provocar desde náuseas y pérdida de apetito hasta infertilidad y una peligrosa caída de las defensas que eleva el riesgo de infecciones. La citarabina, puede generar, además, llagas en la boca, dolores severos musculares y articulares, así como afecciones oculares como la conjuntivitis o queratitis.
Cuatro años de investigación respaldados por el IMPI
El esfuerzo de cuatro años de investigación conjunta cristalizó cuando el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) otorgó la patente número 433049 a esta formulación. El proceso se prolongó desde el 17 de agosto de 2022 hasta el 13 de marzo de 2026.
El logro es el resultado de un diseño binacional.
Por parte de México, el grupo de coinventores está integrado por las doctoras Nina Bogdanchikova y Yanis Toledano Magaña, junto con el doctor Juan Carlos García Ramos (UNAM); la doctora Olivia Torres Bugarín (UAG); y los doctores María Evarista Arellano García, Idalia Yazmin Castañeda Yslas y Balam Ruiz Ruiz (UABC). La contraparte rusa estuvo liderada por los doctores Vasily Burmistrov y Alexey Pestryakov.
Del laboratorio al organismo
La doctora Idalia Yazmin Castañeda Yslas, pieza clave en el desarrollo del proyecto, detalló que las primeras fases de la investigación —iniciadas con cultivos celulares— demostraron que la formulación no resultó tóxica al aplicarla en ocho cepas de cáncer distintas.
"A partir de esto, como parte de mi investigación doctoral, dimos el salto de las pruebas in vitro (en laboratorio) a las in vivo (en organismos vivos). Lo implementamos inicialmente en ratones sanos porque el objetivo primordial era determinar si la fórmula causaba o no daño genético", explicó la investigadora.
Fue en esta etapa cuando se confirmó el potencial del fármaco, ya que al administrar nanopartículas de plata en combinación con los tratamientos oncológicos, los niveles de genotoxicidad disminuyeron drásticamente.
"Esto significa que la fórmula actúa como un escudo que protege el ADN de las células sanas frente al impacto devastador de la quimioterapia", precisó Castañeda Yslas.
Para llegar a estas conclusiones, el proceso requirió un minucioso trabajo de análisis entre 2016 y 2020.
La especialista evaluó el comportamiento celular en 13 grupos de estudio (de cinco ratones cada uno) durante un monitoreo que se extendió de 0 a 196 horas posteriores a la aplicación.
A través del microscopio, se analizaron 10 mil células por muestra para identificar biomarcadores de citotoxicidad y medir la presencia de micronúcleos en los glóbulos rojos, los cuales indican si un cromosoma sufrió rupturas o alteraciones durante la división celular debido al tratamiento médico.
El esquema experimental consistió en inyectar el fármaco oncológico y, al día siguiente, administrar las nanopartículas de plata por vía oral, con el fin de mitigar los efectos adversos.
El camino hacia el uso clínico
A pesar del éxito obtenido en modelos animales, los científicos advierten que la aplicación de este fármaco en seres humanos aún se encuentra en una etapa temprana y requerirá un proceso riguroso de escalamiento biológico.
Actualmente, la doctora Castañeda Yslas realiza una estancia posdoctoral para optimizar los esquemas de tratamiento. La nueva fase de investigación evalúa los resultados expuestos en la literatura científica.
"Estamos explorando si, al administrar primero el genoprotector y después el medicamento oncológico, el efecto es aún más eficiente. Ahora realizamos pruebas en ratones con cáncer para asegurar que la nanopartícula de plata no reduzca la efectividad de la quimioterapia y que mantenga la misma capacidad de protección celular observada en los ejemplares sanos", apuntó.
Sinergia universitaria
El nacimiento de esta patente implicó también la coordinación institucional y financiera entre las casas de estudio.
Por parte de la UNAM, el proyecto contó con el respaldo del Mtro. Daniel Barrón Pastor, coordinador de Vinculación del CNyN-UNAM. Por parte de la UAG, el proyecto contó con el respaldo del rector, licenciado Antonio Leaño Reyes; la representación legal del ingeniero Gerardo Pástenes Ugalde y el impulso del doctor Efrén Aguilar Garnica, director de Investigación.
Por la UABC, el proceso de registro y transferencia tecnológica fue gestionado por el equipo del maestro Juan Luis Martínez Jacobo, jefe del departamento de Propiedad Intelectual y Transferencia; la coordinadora Dora Luz Flores y la ingeniera Denisse Pérez Sánchez, de atención y registro de propiedad intelectual y transferencia.
El financiamiento y el pago de los derechos de la patente fueron cubiertos conjuntamente por las administraciones de la UAG y la UABC, consolidando un modelo exitoso de vinculación científica en el país.