Encuadre: Una película de griegos… casi sin griegos
Retrato de IA de Helena de Esparta "conforme a los textos clásicos". - Foto: ZNN.
Le pedí a la inteligencia digital un retrato de Helena de Esparta conforme a los textos clásicos. La respuesta fue inmediata: cabello xanthē, un tono dorado o rubio tostado; ojos grisáceos o verde-gris, esos mismos atributos casi divinos que los griegos daban a su diosa Atenea, y que reservaban para personajes excepcionales.
La verdad no me sorprende que Lupita Nyong'o o Zendaya vayan a interpretar a Helena de Troya. Choca de frente con que durante siglos, en Occidente hemos imaginado a una Helena rubia como la actriz Amber Heard. Después de todo, la mitología la presenta como hija del mismísimo Zeus y de Leda, reina de Esparta. No era una mujer cualquiera: era la belleza capaz de poner en marcha una guerra, pregúntenle a Johnny Deep.
Llaman mucho la atención los rumores — y cada vez más insistentes— sobre la nueva adaptación de La Odisea dirigida por Christopher Nolan. Se dice que el cineasta ha buscado un rigor histórico poco común, desde la música hasta ciertos aspectos de la producción, lo que estaría por verse. Es más se dice que usó cero pantalla verde, todo manufacturado, nada digital.
Aunque el rigor parece tambalearse en otros frentes, veremos resultados cuando llegue a las salas de cine.
Si dejamos a un lado la mitología y nos acercamos a la historia, las poblaciones del Mediterráneo oriental durante la Edad del Bronce eran extraordinariamente diversas. Esparta, Troya, Anatolia, Creta y Egipto formaban parte de un enorme corredor de intercambio entre Europa, Asia y África. Existían muchos tonos de piel y una amplia variedad de rasgos físicos.
Sin embargo, si hablamos de probabilidades históricas para una aristócrata micénica del siglo XIII antes de Cristo, la mayoría de los historiadores imaginarían a una mujer mediterránea del Egeo: piel entre clara y oliva, cabello oscuro o castaño y rasgos propios de la región.
Cierto es que Homero nunca dejó una descripción exacta de Helena. Nos dice que era extraordinariamente hermosa, tampoco dice que era del África. Es Helena no Cleopatra. La verdad no conocemos con precisión su aspecto. Eso deja espacio para la interpretación artística. Pero ¿hasta dónde llega una licencia creativa o de interpretación?, pero se habla de rigor histórico.
Porque una cosa es llenar vacíos históricos y otra muy distinta proyectar sobre la Edad del Bronce las obsesiones culturales del siglo XXI. O completar la cuota de diversidad de personajes principales requerida para que la cinta pueda participar en los premios de la academia de Hollywood.
Al observar los promocionales yo veo armaduras que recuerdan épocas posteriores, las cruzadas por ejemplo, los sables curvos son más otomanos que troyanos, están fuera de contexto y decisiones visuales que parecen haber pasado por más filtros ideológicos que arqueológicos.
El bronce es de un color dorado, el azul utilizado asemeja más al acero, que no se inventó hasta 1850 y algo, luego de la Revolución Industrial; aunque si bien la mezcla de hierro y carbón, se logro por accidente algunas veces en el siglo XI antes de Cristo, durante la edad del hierro, unos doscientos años después de la guerra de Troya. Las espadas de bronce entonces eran cortas, es más en la cinta de Troya, donde sale Brad Pitt, Ulyses usa una espada corta y Héctor una lanza, no hay nada más histórico que eso.
Ya sé, ya sé, Nolan tiene derecho a filmar la historia que quiera. El arte no está obligado a ser un documental. Como tampoco lo fue Apocalypto de Mel Gibson sobre los pueblos de mesoamérica, ni esta última de Gladiador 2 de Ridley Scott, pero cuando una producción se promociona apelando al rigor histórico, resulta inevitable comparar lo prometido con lo mostrado.
Si voy a mezclar cruzadas, sables otomanos, fantasía y Homero, quizá simplemente le pondría otro nombre a la película.
Imagino a Zeus observando desde el Monte Olimpo hacia el teatro Kodak. Simplemente acariciándose la barba y moviendo la cabeza de un lado a otro, tratando de entender cómo en una película donde los griegos parecen ser los personajes menos griegos de la historia.
Lo cierto es que cinta promete mucho y seguramente terminaré viéndola. Pero no entraré a la sala esperando encontrar la visualización de los versos de Homero. Entraré como quien asiste a una reinterpretación moderna de un mito antiguo, y el primer texto conservado de la historia humana; con expectativa alta pero con cierta cautela y la sospecha de que, Hollywood ha decidido una vez más conversar más con el presente que con el pasado.