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La capacitación de programa citado fue gratuita e impartida en el Conalep Ensenada, con temas como manejo seguro, normatividad vial y mecánica básica; para las prácticas fueron en zonas aledañas al plantel, el estacionamiento de El Riviera y vialidades principales como la avenida Pedro Loyola y Zertuche.
De esta forma aprendieron a conducir unidades de transporte de personal Setramak y Mercedes Benz, algunos de hasta 17 toneladas de peso; tras pasar el curso, recibieron su credencial de chofer tipo C, sin costo alguno, y acceso a oportunidades formales de trabajo, tanto en transporte público como en privado.
Blanca, madre soltera con cuatro hijos (donde uno aún cursa la secundaria), compartió a la prensa que la familia es “el motor” que la impulsa a salir adelante, por lo que aprovechó la oportunidad que se le presentó con el programa.
“Los hombres, en la actualidad, no quieren que las mujeres progresemos o que podamos tener un ámbito en la cuestión del trabajo; sin embargo, yo me siento capaz, gracias a Dios, porque tengo vida, tengo salud, y por este curso que nos dio Aylin (Vanesa González Figueroa), la verdad estoy bien contenta”, comentó, al tiempo de destacar la labor de la instructora.
Agregó que recibieron una amplia enseñanza y el constante apoyo por parte de la instructora, quien constantemente les recordaba son capaces de realizar dicho trabajo.
“Nos enseñó mucho, que sí podemos las mujeres, que para las mujeres ‘No hay un no, hay un sí’, y la verdad no nada más los hombres pueden, nosotras podemos. Nos enseñó, nos ayudó, nos guio, nos dio mucha práctica. Mucha herramienta para poder decir ‘sí puedo’, para agarrar un volante con mucha responsabilidad y saber de antemano que vamos a traer gente”, agregó.
Sobre la capacitación, mencionó que lo más difícil fue cuando aprendió a meter cuarta velocidad en bajada, para evitar complicaciones con la caja de velocidades.
Por su parte, Carmen de Jesús, de 43 años, sin hijos, mencionó que es originaria de Ensenada y vivió por mucho tiempo en Guadalajara, Jalisco, aunque actualmente tiene cinco años de haber retornado al puerto.
Compartió que, en su caso, se acostumbró al ritmo de tránsito de una ciudad más grande, pero reconoce que aún hay retos al momento de conducir por Ensenada.
“Para mí no fue un gran reto vial, hasta cierto punto, pero en cuanto a la cultura (vial) todos tenemos que mejorar nuestra cultura, tanto peatonal como de vehículos motor, bicicleta, es parte de poder circular todos en sana tranquilidad”, expresó.
Agregó que fue su segundo intento, pues no alcanzó lugar en la primera generación, pero persistió en pertenecer al programa; una vez dentro, la emoción de poder manejar una unidad grande fue muy satisfactoria para ella.
“Me gustó haber tomado la decisión, con el apoyo de mi familia, obviamente. Uno sabe que puede, por eso lo hace”, afirmó.
Refirió que estudiaba ingeniería, pero tuvo que poner pausa a la carrera, debido a que no son compatibles los horarios, pero buscará retomar sus clases en línea probablemente para el mes de agosto, tras recomendación del plantel donde estaba.
También que su estatura, de 1.47 metros, tampoco resultaría un impediente y que lograría su cometido.
“El curso lo vi como un trabajo, desde un principio, porque a final de cuentas es lo que iba a desarrollar, no lo vi como una práctica más. Me enfoqué, conocí mis temores, los evadí, para mi era un ‘monstruo de ruedas’ que lo tenía que superar. Claro que se puede, como muchas cosas que he superado junto con mi familia, y eso me motivó a hacer algo nuevo, algo diferente. Un objetivo brutal para mí de pensar la gravedad de manejar un autobús. No es algo sencillo, es mucho corazón, mucha disciplina”, afirmó.