Encuadre
Esta imagen fue generada usando chatGPT. - Foto: Cortesía.
La molestia del gran Noam Chomsky al tildar de plagiario a ChatGPT y a las inteligencias artificiales, entre otros tantos adjetivos, radica en que él mismo ha dedicado más de 90 años a estudiar el lenguaje, sosteniendo que el cerebro humano es el único capaz de entender la gramática, distinguir la sintaxis, diferenciar entre semiosis y semiótica o dar un discurso.
Como dice mi tía Blanca: "Chango viejo no aprende maroma nueva". Esta parece ser la postura de muchos, aunque al final terminan abriendo con timidez la pantalla blanca minimalista, hacen una pregunta al Chat y reciben una respuesta.
Lo que parece tan simple es, en realidad, una de las singularidades de las que hablan los teóricos. ChatGPT, que en sus primeras versiones superó el test de Turing, genera respuestas indistinguibles de las que daría una persona con cierto grado de inteligencia.
Aunque el test propuesto en los años 50 por Alan Turing fue un método pionero para evaluar la inteligencia de las máquinas, hoy ha perdido relevancia. Ya existen otros métodos para medir la capacidad de la IA, y no hay solo una inteligencia artificial: varios modelos han superado todo tipo de pruebas.
Ha pasado mucha agua bajo el puente desde que las máquinas vencieron al campeón mundial de ajedrez y ganaron concursos de preguntas. En cuanto al lenguaje, Chomsky balbucea acusaciones de plagio y no sé cuántas cosas más, pero lo cierto es que hay tablillas sumerias que alguna IA ha traducido sin problema, algo que ningún lingüista —incluido el buen Noam— había logrado.
Si llamamos plagio a la educación que hemos recibido, a los libros que hemos leído y que moldean nuestro intelecto, nuestro lenguaje y nuestras respuestas en una conversación, entonces deberíamos reconocer que todo conocimiento es, en cierto sentido, un reciclaje de ideas previas.
Es como si Noam Chomsky jamás hubiera leído un libro, una revista científica o estudiado a los filósofos de la antigüedad. Como si, de la nada, hubiera inventado el hilo negro. Pero seguramente, si le pido a ChatGPT que siga el hilo de sus ideas, me llevará a otro lingüista anterior a él, y al final a Platón.
Algunos estudios revelan que la última versión de ChatGPT se comporta como un humano, solo que un poco —o mucho— mejor. Y es verdad que la singularidad y las alarmas van más lejos: puede llegar el día en que la máquina tome conciencia y decida exterminarnos.
La realidad es que el ser humano es tan, —tan inteligente—, que puede que no se necesite de ninguna IA para hacernos desaparecer, nosotros mismos podemos hacerlo o mejor dicho ya lo estamos haciendo.
Así va esto.