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Encuadre

Celebrar es mejor que llorar

En México, el Día de Muertos se celebra en grande, con festejos a lo largo y ancho del país, llenos de actividades, comida, bebida, música y fuegos artificiales. Sin embargo, hay un contraste doloroso. En lo que va del siglo, es decir, en 24 años o unos 8 mil 760 días, en México se han cometido aproximadamente 535 mil homicidios. Desde la llegada de Vicente Fox a la presidencia en el año 2000 hasta la reciente salida de Andrés Manuel López Obrador, el país ha registrado cifras alarmantes de violencia letal.

Es medio millón de vidas que se han apagado, no por accidentes, enfermedades o desapariciones, sino por asesinatos: disparos, cuchilladas, sofocaciones, golpes mortales... Y lo que más hiere no es solo el número en sí, sino el hecho de que cerca del 90% de estos crímenes siguen impunes. Nueve de cada diez homicidas están libres. Muchos detenidos recuperan su libertad rápidamente, mientras que apenas uno de cada diez enfrenta un juicio y una sentencia.

Lo sorprendente no es que de esos 535 mil homicidios, 200 mil hayan ocurrido en los últimos seis años, en el periodo de López Obrador, AMLO, el presidente que prometió cambiar el país. El mismo que criticó incansablemente a sus antecesores por estos mismos problemas, el que incluso convocó una consulta para enjuiciarlos por su legado de corrupción y violencia.

Son esas muertes las que deberían preocupar a las autoridades, las mismas que hoy fomentan los festejos de Día de Muertos y Todos Santos, dejando días libres y promoviendo celebraciones. Porque sí, celebrar es mejor que llorar.

Pero mientras recordamos a los que se han ido, no podemos ignorar ese promedio de 61 muertes diarias, que en años recientes ha escalado hasta los 100 homicidios al día, con matanzas que cobran la vida de decenas en un solo ataque.

En México, la muerte es parte de la cultura, pero es también un reflejo de la realidad que cada día enfrentan las personas. Una realidad que debe indignar, porque estos números representan vidas, familias rotas y sueños truncados. Al mirar a esos altares, hay que recordar que la muerte, aunque cercana, no debería ser cotidiana ni celebrada como parte de un destino que parece inevitable pero sobre todo impune.

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Editorial
El dilema de la presidenta Sheinbaum
2026-06-07 21:16:09
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Ya tan solo la duda de que el poder de los cárteles en México hayan permeado las filas del partido gobernante, Morena, pone a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en una situación incómoda.

En otros tiempos o, si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fuera el de su primer mandato, Sinaloa seguiría como hasta antes de abril cuando los fiscales estadounidenses expidieron órdenes de extradición contra funcionarios de ese Estado incluido su gobernador y aliado del anterior presidente Andrés Manuel López Obrador.

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Así la primer presidenta de México se halla en medio de una fuerte tensión entre Washington, Ciudad de México y Palenque. Con un difícil dilema.

Por un lado sería actuar formalmente contra de Rubén Rocha Moya, gobernador en funciones de Sinaloa, acusado por Washington de facilitar el narcotráfico a Estados Unidos y de proteger a miembros del crimen organizado a cambio de sobornos y apoyo político. Retirar su red de protección política y permitir que avance el proceso de extradición, y que la investigación abra un caudal de acusaciones hacia otros estados, administraciones, congresos, el senado y hasta una hacienda en el sur de México.

Realizar una investigación conjunta creíble con Estados Unidos y hacer limpieza del partido y del país, claro que la presidenta recibiría acusaciones de ceder ante Washington por los miembros de su propio partido pero podría ganar el visto bueno y credibilidad entra la oposción y personas que creen firmemente que su gobierno en realidad está protegiendo narcopolíticos y militares corruptos al más alto nivel.

La otra cara de la moneda: escudarse en la soberanía y no hacer nada, aún y con pruebas y testimonios contundentes, aumentaría las sospechas en Estados Unidos sobre su voluntad de perseguir la corrupción de los cárteles dentro de su propio partido. Y al interior del país da material a la oposición para erosionar su aceptación de cara a los comicios y próximos años de su gobierno, incluso se arriesgaría a una poco probable Revocación de Mandato.

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Hasta ahora la presidenta ha maniobrado con cierto éxito tanto las exigencias externas como las presiones internas, y ha mantenido junto al partido pero esta es una situación insostenible a mediano plazo, hay demasiado en juego.

América del Norte está muy unida con los tratados, la economía, los migrantes, el turismo e incluso los cárteles, más ahora que sus gobiernos entran en 2026 a la revisión del acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá.

Ceder ante Estados Unidos tampoco es sostenible para el Estado mexicano y la presidenta sabe que su credibilidad corre riesgo de cualquiera de las dos opciones por lo que debe hallar un sano punto medio.

El concepto de soberanía es claro: ningún presidente mexicano, o de otro país, puede dejar a Estados Unidos disciplinar a la clase política y perseguir a sus corruptos pero alguien por fuerza tiene que hacerlo.

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